Hanner tiene 3 años y una sonrisa tímida que se asoma de a poco. Le gusta jugar y, cuando se cansa, perderse un rato frente al televisor. Pero el 25 de mayo, una bronquiolitis lo llevó al Hospital Simón Bolívar, y su mundo —y el de su mamá, Karol— se redujo al ritmo de un hospital.
La enfermedad la vive toda la familia
Quien ha acompañado a un hijo enfermo lo sabe: la enfermedad no solo la vive el niño. La vive su mamá que no se mueve de su lado, que no sabe a qué hora comer, ni dónde sentarse, ni cómo sostener los días difíciles.
Un lugar para respirar dentro del hospital
En medio de eso, Karol encontró la Sala Familiar Casa Ronald McDonald, dentro del mismo hospital. Un lugar para respirar sin alejarse de Hanner. No es solo una sala dentro del hospital: es poder descansar, comer algo caliente y recuperar fuerzas para seguir acompañando.
El día que volvieron a casa
El 9 de junio, dos semanas después, Hanner volvió a casa. Y Karol dejó unas palabras que resumen por qué existimos:
“Muy agradecida por todo lo que pude hacer en este espacio, y sobre todo por ayudar a varias mamás que de verdad lo necesitan.”
No curamos a Hanner —eso lo hicieron los médicos—. Pero cuidamos a quien lo cuidaba. Y eso es posible gracias a personas como tú.