Ehiker tiene 10 años y es de los que llenan un cuarto: alegre, divertido, espontáneo. El 8 de junio una lesión en una de sus piernas lo trajo al Hospital Simón Bolívar, y desde entonces él y su mamá, Ana Karina, viven el día a día de la hospitalización.
Para un niño de 10 años, estar quieto en una cama de hospital es casi tan difícil como el tratamiento mismo. Y para una mamá, sostener el ánimo de su hijo mientras sostiene el suyo propio es un trabajo silencioso que nadie ve.
Por eso, cuando Ana Karina conoció la Sala Familiar Casa Ronald McDonald dentro del hospital, su reacción fue la que escuchamos tantas veces:
“Es un excelente espacio, aquí me puedo distraer mucho con mi hijo. Nunca había visto un lugar así en un hospital.”
No es solo un rincón con sillas: es un respiro, un ratito de normalidad en medio de un día que no la tiene. Un lugar donde Ehiker vuelve a ser, por un momento, solo un niño que juega.
Ehiker sigue en tratamiento. Y mientras tanto, gracias a personas como tú, su mamá tiene dónde recuperar el aliento.